Los
fenómenos anteriores ejercen una enorme presión sobre los sistemas
educacionales, que tienen grandes dificultades para adaptarse a los cambios que
provienen de otras esferas sociales. La educación se ve desafiada a formar a
las personas que habitarán esta compleja sociedad global. Adicionalmente, las
escuelas se enfrentan a la necesidad de innovar en los métodos pedagógicos si
desean convocar y ser inspiradoras para las nuevas generaciones de jóvenes
también llamados “nativos digitales”
(Prensky, 2001).
Los
sistemas educativos se ven enfrentados así a la necesidad de una transformación
mayor e ineludible, cual es evolucionar desde una educación que servía a una
sociedad industrial a otra que prepara para desenvolverse en las sociedades del
conocimiento. Las y los estudiantes deben ser preparados para desempeñarse en trabajos
que hoy no existen y deben aprender a renovar continuamente una parte importante de sus conocimientos y
creencias, deben desarrollar nuevas
competencias coherentes con este nuevo orden:
habilidades de manejo de información, comunicación, resolución de
problemas, pensamiento crítico, creatividad, innovación, autonomía,
colaboración, trabajo en equipo, entre otras


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