Las posibilidades de las TIC en la enseñanza superior están dando lugar a distintos modelos de organizaciones
(Adell, 1997; Aoki, Fasse y Stowe, 1998; Salinas 1998a; Hanna,1998).
Este último, por ejemplo, nos habla de 7 tipos distintos:
universidades de educación a distancia basadas en la tecnología;
instituciones privadas dirigidas a la enseñanza de adultos;
universidades corporativas; alianzas estratégicas universidad-empresa;
organizaciones de control de acreditación y certificación;
universidades tradicionales extendidas, y universidades
multinacionales globales. Puede comprenderse que el éxito de
las experiencias a desarrollar en las universidades convencionales
dependerá de la transformación de algunas de las actuales estructuras
que provocan el aislamiento institucional para potenciar equipos que
conjuguen la calidad docente en sistemas presenciales con la
interacción a través de las redes y que lleven a la cooperación en
el diseño y la distribución de los cursos y materiales de educación a
distancia en el marco de consorcios de instituciones dando lugar a
verdaderas redes de aprendizaje, descritas en otros trabajos ( Harasim
y otros, 1995; Salinas, 1995, 1996).
Nos encontramos ante un cambio cercano a
la universidad (investigación, desarrollo, promoción), pero al
mismo tiempo existe la creencia de que no la contaminará. La universidad se encuentra en una situación paradójica, pues por una parte está cercana y es una parte de esta revolución de la información,
mientras que por otra, representando de alguna manera el segmento más
conservador de la sociedad, es lenta en adoptar nuevas vías de tratar
con la información y con la tecnología. Parece necesario, en este
sentido, un compromiso institucional de aplicación de las TIC a la
docencia universitaria. Con todo lo que ello implica.
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